21/01/2012 | Notas |

La teoría general de la asfixia Puma

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CLAUSURA 2012. Monterrey, Nuevo León. 21/01/2012. A Pumas no le alcanza su teoría general de la asfixia. El equipo de Guillermo Vázquez se paró en el Tecnológico para maniatar, ahogar, y claro, asfixiar, a Monterrey, pero en medio de ese frenético caos que, velocidad y dinámica de por medio, implica ser universitario, demostró que experiencia aún falta para congelar y llevarse el botín completo (1-1 con Rayados) en sus salidas de CU.

Cierto que en los Universitarios las genialidades caen por gotas en tiempos de sequía, pero nadie duda de la fertilidad puntera de cada una de esas perlas. Así fue el gol de Juan Carlos Cacho. Un taca – taca, dirían desde el otro lado del mundo los entusiastas catalanes, dueños del mejor equipo del mundo.

Porque ¡vaya velocidad y toque auriazul! Desde la manera de ir a hurtar la pelota de Luis Fuentes, felino de extremidades mecánicas y su pase para ese rudimentario Martín Bravo, tronco en apariencia, pero inexplicable y sorprendente en el toque fácil para el hidrógeno puro del equipo: Javier Cortés: 23 años de cadencia y aceleración; aventurado o no decirlo, pero digno heredero del mediocampo que dejó un brasileño rubio que pasó de ser felino a canino; Cortés tiene la onza para hacer de Pumas ese equipo ligero, punzante, que desquicia por demolición y cansancio. Ese Cortés sirvió a Juan Carlos Cacho, quien, amague incluido, disparó a poste cambiado: tanto austero. Sí, apenas 1-0.

Monterrey estaba atravesado, como si  el estreno del uniforme con rayas horizontales hicieran olvidar a los regios que alguna vez tundieron al rival en turno gracias a su verticalidad. Y es que Rayados parecía ahogado.

Y cómo no, si a los regios el aire le faltaba por esa necedad puma de pararse en cada cancha con su teoría general de la asfixia. Con un Cortés repartidor, un David Cabrera eficiente y por supuesto un Carlos Orrantia que nos regaló varios momentos para ver a un puma dejar en cámara lenta a una pantera como es Walter Ayovi.

Visto estaba que Monterrey no tendría la fórmula para cazar felinos en la velocidad, así que tuvo que apretar donde es mejor que Pumas: experiencia. Talón frágil el de los auriazules gracias a que los jóvenes de cantera tardan el tiempo natural en cuajar, eso sin contar con debilidades añejas en los capitalinos: un arquero suicida, pero titubeante, como es Alejandro Palacios, tan sublime como atrabancado. Ni qué decir de su hermano Marcos, quien, metros más adelante, es igual de feroz que inseguro a la hora de salir jugando o ir por arriba.

Así encontró Monterrey el camino de regreso a un partido en el que estaba ahogado: el balón parado como aliado ante un equipo que sufre cuando de enfriar la pelota se trata. Un tiro de esquina en que ni Verón, ni Palacios, ni nadie atinó a despejar, como si lo hizo Othoniel Arce para igualar el partido.

Está claro el camino: a Pumas no hay todo terreno que lo pare. Su teoría general de la asfixia ahoga, desespera, maniata; el problema tendrá que resolverlo el tiempo, porque es el único remedio para curar juventud e inexperiencia.

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