15/01/2012 | Notas |

Los Monarcas siguen siendo clientes fieles: 3-0

ICITUS MULTIMEDIA

Por Pedro Iván Quintana

Un partido se define en fracciones de segundo, pero dentro de la cancha no parece medirse el tiempo de la misma forma. Cuando Federico Vilar intentaba adivinar la dirección del rebote del balón, parecía que el tiempo se había detenido. Pero no, Martín Bravo no titubeaba. Podía ser que el rebote fuera diferente, y entonces Vilar habría resuelto la jugada, y el partido pudo cambiar. Pero la decisión del delantero de Pumas le permitió llegar al esférico antes de que el portero del Morelia pudiera sujetarlo bien, y con la cabeza lo arrebató y con la derecha lo envió al abrazo de la red.

Ese gol puso 2-0 el marcador. La jugada comenzó cuando Marvin Cabrera, del Morelia, retraso el balón a Vilar sin imaginar que Cacho se quitaría el disfraz de tortuga que tenía puesto desde hacía un rato, y en un pique en corto llegaría antes que el portero argentino. El rebote mandó el balón hacia arriba, vino Bravo e hizo lo suyo.

Era el minuto 24. Para entonces los Pumas ya ganaban el partido; lo hacían desde el minuto 7, cuando otro titubeo defensivo había permitido que en dos toques, entre Cacho y Bravo, el primero rematara dentro del área, desde la derecha, con una volea poderosa que dejó sin oportunidad a Vilar.

El Morelia se equivocó en dos o tres  jugadas defensivas más. ¿Por qué titubeaba la defensa del Morelia? Tenía que ver sin duda con que no sabían cuándo los iban a presionar en la salida, y cuándo los iban a dejar avanzar. Porque los universitarios plantearon un encuentro difícil de descifrar.

Plantados de su lado del terreno, convirtieron en un mar de piernas la zona en la que el Morelia tenía que atacar. Cuando el balón era propicio, Cacho despertaba del  aparente letargo, Bravo peleaba feroz, y los defensas comenzaban a temblar.  Tomás Boy lo iba comprendiendo conforme avanzaban los minutos. Quizá pensó que el 1-0 fue cosa de suerte, pero con el segundo se dio cuenta de que había caído de nuevo en la trampa del puma. Así que cambió a su equipo para el segundo tiempo, mandó más gente a la media cancha y atrás dejó a tres defensores clavados.

Eso provocó que el segundo tiempo fuera más intenso para Alejandro Palacios, con el pelo cortado casi a rape, en aparente solidaridad con Darío Verón.

Así que Guillermo Vázquez hizo cambios, sacó a sus delanteros que mediando el segundo tiempo ya estaban exhaustos, y reforzó la media cancha. Eduardo Herrera salió de relevo en el ataque, más para perseguir a los rivales en la salida que para hacer algún gol más.

Pero lo hizo, gracias a que Javier Cortés, que había andado muy ocupado en labores defensivas, le dejó adolorida la cintura primero a Adrián Aldrete, y después a Jaime Lozano, antes de pasar en diagonal, desde la entrada del área por la derecha, al centro, donde llegó Herrera para ajusticiar a Vilar.

Así se levó sus primeros tres puntos Pumas y ratificó que la suerte se construye y que Morelia sigue siendo su más fiel cliente.

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