18/03/2012 | Notas |

Ni hablar, América aprovechó las circunstancias

CLAUSURA 2012. México DF. Si hubo una diferencia en este partido no fue de corazón, ni de entrega, ni de orgullo. Fue de experiencia, nada más. Así ganó el América 2-1 el Clásico. Y la derrota duele porque se trataba del acérrimo rival, ese que toda la semana se pasó fanfarroneando y que salió a encarar el partido como grandulón, a terminar el duelo rápido, de un golpe, al descontón, sabiendo que no iban a competir de otro modo.

Hay que admitir que Miguel Herrera mostró que su capacidad para plantear el partido fue inversamente proporcional a su estatura. Él sabía que Pumas iba a presentar a un equipo muy joven, con cuatro bajas de jugadores titulares: Darío Verón, Javier Cortés, Diego de Buen y sobre todo David Cabrera. Y mandaría al terreno a jugadores inexpertos.

Era obvio que los primero minutos Pumas iban a sufrir por el pánico escénico de los encargados de suplir esas ausencias. Aunque se ha venido notando la preocupación de Memo Vázquez de darle minutos a los eventuales relevos en la media cancha, las bajas de De Buen y Verón sí lo tomaron desprevenido. Aarón Sandoval llegó al Clásico con apenas dos partidos de experiencia y los relevos en el segundo tiempo, Eduardo Gámez y José van Rankin prácticamente debutaron. Van Rankin por cierto, es sobrino de Jorge van Rankin, uno de los más notorios seguidores del América.

Aunque el resto de la alineación puma tiene más partidos, la falta de cohesión era notoria. Pero más que eso, el lapso en el que se metieron al partido fue más lento que el que usa un equipo con la experiencia del plantel del América. Sumado al rival y la tensión de la semana previa, el partido se jugó ante un Estadio Azteca con unos 80 mil aficionados. Y no es fácil salir a jugar bajo esas circunstancias.

El América se puso al frente apenas en el minuto 7. José Antonio García, uno de los ‘experimentados’ de Pumas, que jugó su séptimo partido como profesional, cometió una  falta que el árbitro Jorge Pérez consideró penalti. Cobró Christian Benítez con pulcritud y así las Águilas comenzaron ganando.

En el futbol prácticamente cualquier equipo puede jugar a un ritmo vertiginoso, pero varía cuánto tiempo les puede durar. El América salió a sorprender al los visitantes jugando a un ritmo al que no están acostumbrados y sólo pudieron hacerlo unos 25 minutos. Después, los Pumas equilibraron el juego y si no retomaron el balón, sí nulificaron el peligro.

Herrera no sabía qué hacer. No podía creer que con una alineación improvisada los Pumas hubieran volteado la situación y comenzaran a acercarse a su arco. El primer tiempo terminó con un encuentro equilibrado en el que los universitarios habían llamado a la puerta del rival y exigido a su portero Moisés Muñoz y a la zaga. Incluso quedará la duda de una jugada en el minuto 31 que pudo marcarse como penalti a favor de Pumas.

Para el segundo tiempo el América salió con menos deseos de ir al frente, pensaban quizá que podrían administrar la ventaja y lograron cortar la circulación del  balón de los Pumas a cambio de ir menos al frente.

Y la inexperiencia fue factor, pero ahora del otro lado. Érick Pimentel cometió una falta innecesaria, sobre Martín Bravo y dentro del área. Se marcó penalti. Pimentel jugaba apenas su séptimo partido como profesional y tuvieron que echar mano de él por la lesión del ‘Topo’ Juan Carlos Valenzuela.

Cobró Juan Carlos Cacho, qué bárbaro, un toque suave a la derecha después de engañar a Moisés Muñoz.

Daba la impresión que para el América el empate era bueno. Los Pumas, aunque trataban, no tenían muchos argumentos para ir por el juego, y el partido se trabó en lo que parecía un empate pactado.

Memo Vázquez tuvo que sustituir a Juan Carlos Cacho, fatigado hasta el exceso, y aunque era obvio que no serviría, envió al campo a Eduardo Herrera, un jugador en desarrollo con un gran juego físico, pero que ante las dos torres centrales del América, Vizcarrondo y Mosquera, nada pudo hacer.

El ´Piojo’ estaba desesperado gritándole a su equipo desde la banda, exigiéndoles que salieran. Y como nadie le hacía caso, lo hizo más evidente: sacó a un jugador defensivo, Jesús Molina, y mandó a Matías Vuoso, centro delantero, con la correspondiente silbatina de parte del público amarillo, que no quiere al delantero.

Pero al ‘Piojo’ le salió la jugada. Vuoso falló una clara de gol, y cuando se iban acabando los insultos de su propia afición, vino el error que le dio el triunfo al América.

Fue Efraín Velarde quien dio mal un pase en la media cancha, Vuoso fue habilitado con un pase diagonal hacia el frente y quedó frente a Alejandro Palacios. Y el argentino naturalizado definió con una calma que hacía mucho tiempo no se le veía.

Ese error vino acompañado por otro: cinco minutos antes del gol crema, salió expulsado García por una falta en la que quizá el árbitro exageró.

Y ya, el partido se acabó sin que los Pumas pudieran reaccionar.

Ahora, con 18 puntos que disputar, Pumas necesita 15 para llegar a la cifra mágica de 26 que se requieren para amarrar la calificación. Recibe a Tigres, Pachuca y Jaguares, mientras que visita a Atlas, Atlante y Xolos de Tijuana. Se ve muy difícil.

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